Geólogos geotécnicos: estás perdiendo el 40% del margen de cada estudio (y cómo recuperarlo)

Una mirada honesta al costo real de subcontratar perforación SPT en Latinoamérica, y por qué el equipo propio dejó de ser una inversión reservada a las grandes empresas.


En los últimos años hemos tenido la oportunidad de conversar con decenas de laboratorios de suelos, geólogos independientes e ingenieros geotécnicos en distintos países de Latinoamérica. En casi todas esas conversaciones apareció el mismo patrón: profesionales altamente capacitados, con buena cartera de clientes y años de experiencia, que sin embargo sentían que su negocio no terminaba de crecer y que los márgenes se les escapaban sin saber exactamente por dónde.

Cuando profundizamos en los números, encontramos un denominador común que rara vez se discute abiertamente en el sector. La mayor parte del margen de un estudio geotécnico se pierde en una etapa específica del proceso, y casi nadie la tiene identificada con claridad. Este artículo trata exactamente de eso: dónde se va ese margen, por qué no se nota, y qué puede hacerse para recuperarlo.

No es un artículo de venta. Es una invitación a revisar con otros ojos la estructura económica de un negocio que muchos profesionales manejan hace años sin haber hecho este análisis a fondo.


Antes de hablar de márgenes perdidos, conviene poner sobre la mesa cómo se compone realmente el costo de un estudio geotécnico residencial o de pequeña obra, que es el pan de cada día de la mayoría de los laboratorios en la región.

Un estudio geotécnico estándar se compone de tres grandes bloques. El primero es el trabajo de campo, que incluye la movilización del equipo, la perforación con ensayos SPT o DPSH in situ, y la recolección de muestras. Este bloque representa típicamente entre el cuarenta y el cincuenta y cinco por ciento del costo total del estudio. El segundo bloque es el trabajo de laboratorio propiamente dicho, que abarca los ensayos de granulometría, límites de Atterberg, humedad, compresión y corte directo. Este bloque suele representar entre el veinte y el treinta por ciento. El tercer bloque es el trabajo de gabinete y la elaboración del informe técnico, que incluye la interpretación de datos, las recomendaciones de cimentación y la responsabilidad profesional del firmante. Este último bloque cierra el restante veinticinco a treinta y cinco por ciento.

Cuando un laboratorio realiza internamente los tres bloques, captura el cien por ciento del margen del proyecto. Cuando subcontrata uno de ellos, el margen correspondiente se transfiere al subcontratista. Hasta acá, nada sorprendente. Lo interesante aparece cuando se observa cuál es el bloque que más frecuentemente se subcontrata en Latinoamérica.


En nuestra experiencia conversando con clientes en Argentina, Colombia, México, Perú, Chile y Ecuador, encontramos que la gran mayoría de los laboratorios pequeños y medianos, así como prácticamente todos los geólogos independientes, subcontratan la etapa de campo. Es decir, subcontratan precisamente el bloque que representa entre el cuarenta y el cincuenta y cinco por ciento del valor del estudio. El laboratorio factura el cien por ciento del trabajo al cliente final, pero transfiere casi la mitad del margen a un perforista externo.

Esto no es necesariamente un error. Durante décadas fue la única opción viable, porque los equipos de perforación geotécnica disponibles en el mercado eran costosos, pesados, difíciles de operar y estaban pensados para grandes empresas con operaciones industriales. Subcontratar era la única manera racional de ofrecer el servicio completo sin inmovilizar capital que no se tenía.

El problema es que esta situación cambió, y pocos profesionales del sector se detuvieron a recalcular los números con la nueva realidad del mercado.


Propongamos un ejercicio simple, con cifras conservadoras que cualquier profesional puede ajustar a su propia realidad.

Imaginemos a un geólogo independiente que realiza treinta estudios geotécnicos al año, una cifra razonable para un profesional con cartera mediana. Supongamos que el costo promedio que paga a un perforista subcontratado por cada estudio es de doscientos cincuenta dólares estadounidenses, lo cual es conservador en muchos mercados de la región. En un año, este profesional está transfiriendo siete mil quinientos dólares a un tercero, solamente en perforación. En tres años, son veintidós mil quinientos dólares. En cinco años, son treinta y siete mil quinientos dólares.

Ahora consideremos un laboratorio pequeño a mediano que realiza ochenta estudios al año, con un costo promedio de trescientos dólares por perforación subcontratada. En un año, este laboratorio transfiere veinticuatro mil dólares al perforista. En tres años, setenta y dos mil dólares. En cinco años, ciento veinte mil dólares.

Estas cifras suelen generar una reacción común cuando se presentan por primera vez: sorpresa, y a continuación, una revisión mental del propio historial. La mayoría de los profesionales del sector saben que la perforación es una parte importante del costo, pero pocos habían sumado esos costos a lo largo de varios años y visualizado el total como un bloque único.

La pregunta natural que surge es si ese dinero podría haberse quedado dentro del negocio, y qué habría hecho falta para que eso ocurra.


Más allá del dinero directo que se paga al perforista, la subcontratación tiene una serie de costos que rara vez se cuantifican pero que afectan el negocio de manera constante. Queremos nombrarlos explícitamente porque son parte del cálculo completo.

El primer costo invisible es el tiempo de gestión. Coordinar una perforación subcontratada implica negociar fechas, esperar disponibilidad del perforista, supervisar su llegada al sitio, verificar que el trabajo se haga correctamente y manejar eventuales retrasos. En nuestra experiencia, esto representa entre dos y cinco horas de tiempo profesional por proyecto, tiempo que podría dedicarse a generar nuevos clientes, elaborar informes o capacitarse.

El segundo costo invisible es el riesgo reputacional. Cuando un perforista subcontratado comete un error, el cliente final no reclama al perforista, reclama al laboratorio cuyo nombre figura en el informe. El profesional que firma el estudio asume toda la responsabilidad técnica y legal por un trabajo que no controló de primera mano. Este es un riesgo que muchos laboratorios absorben en silencio hasta que ocurre un incidente.

El tercer costo invisible, y probablemente el más dañino en términos de crecimiento del negocio, es la pérdida de proyectos por tiempo de respuesta. Cuando un cliente necesita un estudio geotécnico en una semana y el laboratorio depende de la agenda de un perforista externo que tiene sus propios tiempos, muchos de esos proyectos se pierden. No se pierden por precio, no se pierden por calidad, se pierden por disponibilidad. En conversaciones con nuestros clientes, estimamos que entre el diez y el veinte por ciento de los presupuestos se cae por esta razón.

El cuarto costo invisible es la imposibilidad de escalar. El perforista subcontratado tiene su propio techo operativo, y ese techo se convierte automáticamente en el techo del laboratorio. Crecer implica buscar nuevos perforistas, con los costos de transacción y los riesgos de calidad que eso conlleva.

Cuando estos cuatro costos se suman al costo directo de la perforación subcontratada, el margen real que se está transfiriendo a un tercero es considerablemente mayor al que figura en el papel.


Durante mucho tiempo, internalizar la perforación fue una opción reservada a laboratorios grandes o empresas constructoras con departamentos técnicos consolidados. Los equipos de perforación tradicionales eran pesados, requerían operarios especializados, costaban entre cuarenta mil y ochenta mil dólares en el caso de los equipos importados de origen europeo o estadounidense, y estaban diseñados para condiciones de trabajo muy distintas a las que enfrenta el profesional latinoamericano promedio.

Los equipos compactos automáticos pensados específicamente para el mercado latinoamericano cambiaron este escenario. Con inversiones que se ubican en el rango de los diez a los quince mil dólares, con diseños que permiten acceder a lotes urbanos pequeños, dividirse para pasar por puertas estándar y trasladarse en camioneta, y con sistemas de mantenimiento pensados para la realidad de repuestos disponibles en la región, hoy es posible internalizar la perforación sin necesidad de tener un departamento técnico industrial.

Esto no significa que el equipo propio sea la solución correcta para todos los profesionales. Hay situaciones en las que la subcontratación sigue teniendo sentido, especialmente para quienes hacen muy pocos estudios al año o trabajan con proyectos de muy alta profundidad que requieren equipos especializados. Pero para la gran mayoría de los laboratorios pequeños y medianos y de los geólogos independientes que hacen entre veinte y ciento cincuenta estudios anuales, el análisis económico cambió de manera fundamental.


Volvamos a los dos escenarios que planteamos antes, pero ahora desde la perspectiva del equipo propio.

En el caso del geólogo independiente con treinta estudios anuales, al eliminar el costo del perforista subcontratado y asumir un costo operativo propio de aproximadamente ochenta dólares por estudio (que incluye combustible, mantenimiento programado y un ayudante de campo cuando corresponde), el margen adicional capturado por cada estudio es de alrededor de ciento setenta dólares. Multiplicado por treinta estudios al año, son cinco mil cien dólares anuales de margen adicional. Con una inversión inicial de doce mil dólares, el período de recupero es de aproximadamente veintiocho meses.

En el caso del laboratorio con ochenta estudios anuales, el cálculo es más favorable. El margen adicional por estudio es de aproximadamente doscientos diez dólares, lo que multiplicado por ochenta estudios da dieciséis mil ochocientos dólares anuales de margen capturado. El período de recupero en este escenario baja a aproximadamente nueve meses.

Estos cálculos son conservadores y no incluyen el efecto de los proyectos que hoy se pierden por tiempo de respuesta. Si asumimos que tener equipo propio permite capturar un quince por ciento adicional de proyectos que antes se perdían, el margen anual adicional sube a cifras cercanas a los veintiún mil dólares, y el período de recupero se reduce a alrededor de siete meses.

Cada profesional debe hacer este cálculo con sus propios números. El volumen anual, el costo actual de subcontratación y el tiempo de respuesta son variables que cambian de un mercado a otro y de un profesional a otro. Lo importante es no dejar de hacer el ejercicio, porque es la única manera de tomar una decisión informada.


Hasta aquí hablamos del aspecto económico, pero hay una segunda dimensión que merece atención y que suele ser igual de importante para los profesionales técnicos: la calidad y defensibilidad de los datos que se entregan al cliente final.

El ensayo SPT, tal como está definido en la norma ASTM D1586 y sus equivalentes regionales como IRAM 10517 en Argentina o INV E-111 en Colombia, se basa en registrar el número de golpes necesarios para hincar un muestreador estándar treinta centímetros en el terreno, utilizando un martillo de sesenta y tres coma cinco kilogramos que cae en caída libre desde setenta y seis centímetros de altura. En teoría, la energía entregada al sistema debería ser siempre la misma, lo que permitiría comparar resultados entre distintas perforaciones y aplicar las correlaciones internacionales para estimar capacidad portante, compacidad relativa, potencial de licuefacción y otros parámetros clave del diseño de cimentaciones.

En la práctica, la energía real entregada varía considerablemente según el sistema de golpeo utilizado. Estudios publicados por Skempton, Kulhawy y Mayne, y más recientemente por Seed y colaboradores, demostraron que la energía transmitida al sistema de barras puede oscilar entre el treinta y el noventa por ciento de la energía teórica máxima, dependiendo del tipo de martillo, la experiencia del operario, el número de vueltas de la soga en el tambor en equipos manuales, la fricción en las poleas, la altura real de caída, y otros factores humanos. La propia norma ASTM D1586, en sus revisiones más recientes, recomienda explícitamente el uso de sistemas automáticos como primera preferencia, precisamente porque garantizan una aplicación de energía consistente y repetible.

Esto tiene dos implicaciones directas para el profesional que firma un estudio geotécnico.

La primera implicación es que los valores de N obtenidos con martillo manual requieren factores de corrección por energía que, en rigor, deberían calibrarse para cada equipo específico. En la mayoría de los casos prácticos, esta calibración no se realiza, y los valores de N se reportan sin corregir o con factores estándar que pueden no reflejar la realidad del ensayo. El resultado es que los datos que se entregan al calculista estructural tienen un grado de incertidumbre que rara vez se comunica explícitamente.

La segunda implicación es de naturaleza legal y profesional. En una eventual auditoría técnica, peritaje judicial o revisión de obra, el profesional que firma el estudio debe poder defender la repetibilidad de sus ensayos. Un ensayo realizado con martillo automático, con energía consistente y documentada, es sustancialmente más defendible que uno realizado con martillo manual cuya eficiencia no puede ser garantizada. Esta no es una consideración menor: la firma profesional de un geólogo o ingeniero geotécnico lleva consigo una responsabilidad civil y, en algunos casos, penal, por las recomendaciones que se derivan del informe.

La decisión de usar un equipo con martillo automático, entonces, no es solamente una decisión de eficiencia operativa. Es una decisión que afecta directamente la calidad técnica del trabajo y la protección profesional de quien lo firma.


Hay una tercera dimensión que merece mencionarse, aunque es más difícil de cuantificar. Tiene que ver con cómo se posiciona el negocio en el mercado y cómo lo perciben los clientes finales.

En los últimos años, estamos observando una tendencia clara en mercados más maduros de la región, como Chile y México. Los laboratorios que antes se presentaban simplemente como “laboratorios de suelos” están migrando progresivamente hacia una propuesta de “servicio integral de geotecnia”, que implica ofrecer al cliente final todo el proceso bajo una única facturación y una única responsabilidad técnica. Esta migración no es casual: los clientes finales, especialmente constructoras medianas a grandes y estudios de arquitectura profesionalizados, prefieren tener un único interlocutor para toda la fase geotécnica del proyecto. Reduce su complejidad de gestión y les da un único responsable ante eventuales problemas.

Los laboratorios que no pueden ofrecer este servicio integral, porque dependen de subcontratar una parte crítica del trabajo, quedan en una posición de segunda línea. No necesariamente pierden todos los proyectos, pero sí pierden los más rentables, los más interesantes técnicamente y los que generan relaciones comerciales de largo plazo con clientes recurrentes.

Esta dinámica está ocurriendo de manera más lenta en otros mercados de la región, pero la dirección es clara. La pregunta estratégica para un profesional que está tomando decisiones hoy sobre su negocio para los próximos cinco años no es solamente si internalizar la perforación le conviene económicamente. Es también si su posicionamiento competitivo va a permitirle seguir compitiendo por los mejores proyectos en el mercado que viene.


Llegados a este punto, queremos ser claros en algo: no estamos diciendo que todos los profesionales del sector deberían comprar un equipo propio. Estamos diciendo que todos deberían hacer el cálculo con honestidad y tomar una decisión informada, no una decisión por defecto.

Hay tres preguntas que le proponemos responder antes de seguir adelante con su operación actual, cualquiera sea.

La primera pregunta es cuántos estudios geotécnicos realiza al año y cuánto le paga, en total, a los perforistas subcontratados. La mayoría de los profesionales no tienen este número mentalmente. Lo tienen disperso en cientos de facturas pequeñas. Sumelo para los últimos doce meses. El número suele ser sorprendente.

La segunda pregunta es cuántos presupuestos perdió el año pasado por no poder responder en tiempo, y cuál era el valor aproximado de esos proyectos. Este es un número aún más difícil de estimar, porque los proyectos perdidos no se registran en ningún sistema, pero es posible hacer una estimación razonable conversando con el equipo o revisando la bandeja de consultas.

La tercera pregunta, y tal vez la más incómoda, es qué porcentaje de su margen neto anual representa lo que paga a perforistas subcontratados. Esta pregunta obliga a mirar el negocio desde una perspectiva que pocos profesionales adoptan espontáneamente: la perspectiva de dónde se está yendo el dinero que debería quedarse.

Si las respuestas a estas tres preguntas sugieren que hay margen significativo para recuperar, el siguiente paso es hacer el cálculo completo de retorno de inversión para su caso específico. Si las respuestas sugieren que su volumen es bajo o que la subcontratación le resulta eficiente por otras razones, la decisión de no invertir en equipo propio también es válida y legítima. Lo importante es que sea una decisión tomada con los números a la vista.


Este artículo fue escrito desde Kuarso, una empresa argentina dedicada al diseño y fabricación de equipos compactos de perforación para estudios geotécnicos. Desarrollamos las perforadoras automáticas ARCA 01 pensando específicamente en las condiciones de trabajo del profesional latinoamericano: proyectos diversos, presupuestos ajustados, acceso limitado a servicios técnicos especializados, necesidad de mantenimiento simple con repuestos universales y cumplimiento de las normativas técnicas internacionales y regionales.

Escribimos este artículo no para convencer a nadie de comprar un equipo. Lo escribimos porque en nuestras conversaciones con profesionales del sector encontramos que esta conversación sobre el margen oculto rara vez se hace de manera explícita, y creemos que hacerla pública es útil para el ecosistema, independientemente de qué decisión tome cada profesional al final.

Si después de leer este artículo desea conversar sobre su caso específico, hacer el cálculo de retorno de inversión con sus propios números, o simplemente discutir aspectos técnicos del ensayo SPT y la normativa vigente, estamos a disposición. Nuestra intención es aportar claridad al mercado, con independencia del resultado comercial inmediato de cada conversación.

El margen que hoy se está regalando en Latinoamérica es considerable, y la mayoría de los profesionales que lo están regalando son técnicamente excelentes. Simplemente, nunca habían hecho esta cuenta.


Artículo publicado por Kuarso Perforadoras Compactas. Fabricación argentina de equipos SPT automáticos para estudios geotécnicos, con envíos a toda Latinoamérica. Para consultas técnicas o comerciales, visite kuarsomini.com o escríbanos por los canales de contacto habituales.